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Parecería que el viejo dicho es cierto: el éxito realmente genera éxito. 

De acuerdo con el neurocientífico y psicólogo cognitivo Ian Robertson, el poder y el éxito en entornos competitivos tienen un efecto positivo en el cerebro, también conocido como el ‘Efecto Ganador’. 

Pero ¿cómo procesa nuestro cerebro la victoria? ¿Y qué hace que ganemos de manera repetida?

Ya sea ganando a lo grande en el casino online o venciendo a nuestra familia en el juego de Monopoly, todos los ganadores atribuyen el éxito a sentimientos y emociones positivas. 

Robertson, que también es profesor en el Trinity Collage, cree que, debido a los éxitos del pasado, nuestros cerebros se programan en busca de más experiencias positivas.

Como explica en su libro de 2012, el Efecto Ganador se basa en cuatro procesos clave: el córtex del cíngulo anterior (CCA) evalúa el riesgo versus la recompensa de una situación, los niveles de testosterona aumentan, el sistema de recompensa del cerebro vincula comportamientos y emociones, y el circuito de retroalimentación de la dopamina ayuda a reproducir esas acciones. 

Las personas que experimentan el Efecto Ganador se vuelven más centradas, seguras y agresivas en situaciones competitivas, ya que les gusta el sabor de la victoria y ser los más destacados de la competición.  

Como resultado, los que ganan tienen más probabilidades de vencer en el futuro y están ansiosos por intentar hacerlo de nuevo. 

La fascinante teoría de Robertson nos inspiró a crear esta infografía que describe cada paso del viaje competitivo de un individuo, y el efecto que el éxito puede tener en nuestro cerebro.

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Cada viaje hacia la victoria sigue el mismo camino

​Robertson y sus compañeros creen que nuestros cerebros y cuerpos pasan por seis etapas a lo largo de cualquier tipo de viaje ganador. 

Todo comienza a partir de una absorción de datos, que influye en nuestra toma de decisiones y en el rendimiento futuro. Luego nos anticipamos al resultado final de nuestra actuación, reaccionamos al resultado final y provocamos cambios emocionales o de comportamiento basados en el resultado final. 

Ya sea jugando al ajedrez, invitando a alguien a una cita o ganando un premio gordo en un casino en línea, siempre analizamos una situación antes de poner la teoría en práctica y de disfrutar de la recompensa. 

Atribuimos sentimientos positivos a las competiciones, juegos y experiencias que han ido bien, por lo que no es sorprendente que se pueda desarrollar afecto por un videojuego, un deporte o una tragaperras en línea en la que has ganado antes, con un deseo intenso de jugar de nuevo. 

En última instancia. ¿qué nos brinda la victoria?

No hay duda de que el hecho de ganar nos conduce a conquistar nuevos éxitos. Nuestros cerebros están programados para buscar experiencias positivas. 

Cuando ganamos, esto desencadena nuestro deseo innato de obtener más recompensas emocionales y físicas, como dinero, medallas y prestigio.  

Ganar repercute mucho en nuestros cerebros, nuestros cuerpos y en nuestras vidas en general. 

Cuanto más ganamos, mayores vías neuronales crean nuestros cerebros en un intento por recuperar las emociones positivas que estimulan nuestras neuronas, con el resultado de que tener éxito es bueno para el alma y la mente.